Para algunas madres que han tenido que utilizar un método de reproducción asistida donde el bebé ha sido gestado en otro vientre, la posibilidad de amamantar sin haber estado embarazada pueda parecer imposible, pero sí es posible y además es una manera hermosa de crear un vínculo con el nuevo integrante de la familia. 

Durante el embarazo, se elevan los niveles de las hormonas estrógeno y progesterona para mantener la viabilidad del embarazo e inhibir la producción de leche antes de la llegada del bebé.

En el momento del parto, la placenta -principal fuente de estas hormonas- es expulsada y la prolactina, hormona responsable de estimular la producción de leche, tiene vía libre para realizar su función en el organismo.

Tanto para las mamás que acuden a la reproducción asistida como para las que adoptan un niño, conseguir una lactancia inducida, sin pasar por el embarazo, consiste en imitar el mismo proceso biológico que se produce en una persona embarazada.

Si se dispone de varios meses para prepararse, el médico puede prescribir una terapia hormonal, con estrógenos y progesterona, para imitar los efectos del embarazo, acompañada de algún medicamento con galactagogo -una sustancia que favorece la lactancia-.

El más utilizado es la domperidona, presente en remedios contra las náuseas.Por motivos de salud, algunas personas no pueden utilizar hormonas.

Entre los grupos contraindicados se encuentran quienes han padecido trombosis venosa profunda, cardiopatías, hipertensión no controlada, antecedentes de ictus, cáncer de mama u otros cánceres sensibles a las hormonas.

La parte más esencial del proceso es la succión. Tanto, que incluso sin hormonas, permite tener un buen resultado, de acuerdo con la pediatra Honorina de Almeida, especialista en lactancia materna.

“El sacaleches eléctrico es el método más eficaz para simular la succión que el bebé hace en el pecho”, explica la pediatra, socia fundadora de la Casa Curumim de São Paulo, donde se encuentra el ambulatorio Mame+, que ofrece asesoramiento y préstamo gratuito de sacaleches y otros materiales.

La succión -sea del bebé o simulada- es necesaria para liberar prolactina, que actúa para producir leche, y oxitocina, la “hormona del amor”, que provoca contracciones en los conductos mamarios para que la leche sea empujada hacia los pezones.

Estas dos hormonas forman parte de un complejo proceso que se desencadena desde la hipófisis, una pequeña glándula situada en la base del cerebro, justo debajo del hipotálamo, la cual recibe la información de que es necesaria la producción de leche.

“Es importante mencionar que la cantidad de leche producida por esta madre puede no ser la misma que la de la madre biológica, ya que ella pasó por el proceso de maduración mamaria durante el embarazo.

Pero para la mayoría de las madres, poder hacerlo representa una diferencia importante. Para compensar la diferencia de producción puede ser necesario utilizar un método llamado “translactancia”, en el que se coloca un tubo de leche materna en el pecho de la madre que no ha dado a luz. 

Cuando el bebé succiona el pezón, estimula el pecho y el cerebro entiende el mensaje para producir más leche. 

Cuando el proceso se realiza con supervisión, no hay ningún riesgo.

La persona no embarazada debe someterse a pruebas para garantizar que goza de buena salud y que no pone en peligro al bebé.

La calidad de la leche de aquellas personas que no han estado embarazadas es igual de buena desde el punto de vista nutricional.

“El pezón, la parte más externa del pecho humano, funciona como un ‘auditor’ sensorial durante el acto de amamantar. Evalúa las características de la saliva del bebé y envía un mensaje al cuerpo de la persona que produce la leche sobre lo que el niño hace. Es impresionante cómo el cuerpo es capaz de personalizar la producción de leche en tiempo real.

Un reciente estudio publicado en el Revista de Lactancia Humana demostró que la leche producida por mujeres no embarazadas es rica en nutrientes y adecuada para alimentar a los recién nacidos.

La capacidad de alimentar a sus bebés mediante la producción de su propia leche también puede ser una experiencia profundamente afirmativa.

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