Jessi Freitez Guedez / @ycegnews

En el tejido vibrante de la vida, existen historias que deslumbran como gemas, brillando con tenacidad y coraje. Así es Esmeralda Prieto, un faro resplandeciente de determinación y empoderamiento que ilumina el camino de muchas mujeres que buscan forjar su propio destino pese a las adversidades.

Esmeralda nació en La Habana, Cuba, allí estudió Informática, pero su corazón ardía con el deseo de lograr un futuro mejor, lo que la llevó a tomar una de las decisiones más difíciles en su vida: dejar el calor de su familia. Así pues, con 22 años, salió de su tierra natal en busca de lograr más oportunidades en los Estados Unidos.

“Mi familia siempre fue muy unida, amaba pasar los domingos reunidos con mi mamá, mi papá y con mis tíos y primos disfrutando la comida de mi abuela. Gracias a los valores y principios que mis padres me transmitieron en casa, pude encontrar mi propósito en la vida”, recuerda.

En el proceso de adaptación a una nueva cultura y en la búsqueda de su identidad en un entorno desconocido, Esmeralda se encontró con momentos de soledad y nostalgia. Sin embargo, la resiliencia fue su escudo y la determinación, su brújula.

“Cuando llegué a los Estados Unidos comencé trabajando, como todo emigrante, en lo que aparecía. Mi primer empleo fue en un restaurante, donde ganaba cinco dólares la hora más tips. Luego de un año conseguí trabajo en el puesto de un mall, vendiendo relojes, y ganaba un poco más pues trabajaba por comisión en las ventas. Fue entonces cuando me di cuenta de que se me daban bien las ventas, y así me dediqué a estudiar y me hice realtor”.

“A veces vemos cosas imposibles, pero lo importante es siempre dar el primer paso”.

Además del descubrimiento de sus habilidades en el área de ventas, Esmeralda estaba viviendo un proceso importante, comenzó a asistir a una iglesia cristiana, lo que transformó su vida en 180 grados. Unos meses después conoció a quien hoy es su esposo y desde entonces juntos han labrado un camino de apoyo y confianza.

Cuando Esmeralda habla de su esposo, se emociona. Él representa en su vida el amor, pero también el respaldo, la compañía, el apoyo en los momentos más difíciles y en los momentos bellos. Creyó en ella desde el principio y lo continúa haciendo ahora.

El comienzo de un sueño

Luego de unos años trabajando, Esmeralda conoció a Arianna Rojas, quien es hoy su partner. “Ella se convirtió en mi familia, es una mujer con un corazón lleno de generosidad, muy fuerte y decidida. Confío en ella y agradezco a Dios por haberla puesto en mi camino”.

Juntas comenzaron con un proyecto pequeño, siempre con la idea de ayudar y empoderar a las mujeres. En el 2018 abrieron un spa y en el año 2019, el centro de cirugía plástica llamado A&E Plastic Surgery. “No puedo decir que esto fue fácil, pero sí les aseguro que cuando trabajan con propósito y no se rinden pueden conseguir sus metas. Durante ese año no ganamos más que para hacer crecer nuestro negocio y para reinvertir las utilidades. Trabajábamos de sol a sol, de lunes a lunes y cuando se iban los clientes nos quedábamos pensando qué más podíamos ofrecer para mejorar el servicio. Ahorramos y reinvertimos cada centavo con la idea de hacerlo más atractivo y así poder llegar a más mujeres”.

Esmeralda no se detuvo allí. Con una pasión ardiente por empoderar a las mujeres y brindarles las herramientas para conquistar sus sueños, dio entonces un paso audaz y fundó una empresa de gummies de vitaminas para mujeres con el fin de proporcionarles energía, ayudarlas con su belleza, facilitarles el control de su peso y mantenerles un saludable sistema inmune.

“Mi propósito es una vez más el empoderar a la mujer y con las ganancias que genera esta compañía, decidimos usar un 10% para ayudar a familias de niños sin recursos o enfermos, y a madres indocumentadas o solteras. En este mismo año salí embarazada y hoy puedo decir que soy una mujer feliz y realizada, creo que esto le dio otro cambio importante y beneficioso a mi vida”.

La historia de Esmeralda no es solo una de superación personal; es también un testimonio de cómo las dificultades pueden convertirse en los bloques de construcción de sueños más grandes. Su clínica de estética no sólo busca lograr la belleza exterior, sino que también infunde confianza y autoestima en cada una de sus clientas. Es un lugar donde las mujeres se sienten apreciadas y valoradas, un sitio de transformación física y emocional.

Detrás de su rol como exitosa empresaria, Esmeralda es madre y esposa, equilibrando con gracia las demandas de su vida profesional y su compromiso con la familia. Cada logro no solo es un testimonio de su arduo trabajo, sino también un tributo a su capacidad de amar y cuidar a los suyos. Su sueño no se limitaba a su propio éxito; su visión abarcaba un horizonte más amplio de empoderamiento femenino. Su misión era clara: derribar barreras, vencer límites y permitir que las mujeres se levantaran como pilares de su propio destino.

“Soy madre, soy hija, amiga y sobre todo soy una mujer llena de agradecimiento en mi corazón por todo lo que Dios ha permitido que pase en mi vida, por las cosas buenas y por las no tan buenas que me ha enseñado y me han transformado en lo que soy. Estoy agradecida por las personas que tengo a mi lado, mi familia, mi partner y mis equipos de trabajo, piezas clave para hacer posibles todas las metas que he alcanzado. Mi fe en Dios guía cada aspecto de mi vida”.

Hoy su nombre resuena como un eco inspirador en los corazones de muchas. Su trayectoria desde ser una migrante luchadora hasta convertirse en una empresaria exitosa es una epopeya moderna. A través de su clínica de estética y su empresa de gomitas, Esmeralda ha tejido un tapiz de empoderamiento y autoestima que envuelve a cada mujer que se cruza en su camino.

Esmeralda Prieto es testimonio de que no importa de dónde vengamos ni cuántos obstáculos se interpongan en el camino; todos tenemos la capacidad de escribir nuestra propia historia de triunfo. Su vida es un legado y reafirma que, con valentía y determinación, podemos convertirnos en arquitectas de nuestras propias vidas y fundir nuestras experiencias en joyas de empoderamiento y amor propio.